Voy por la calle. Y pienso que ninguno de los personajes que me cruzo puede decir algo (que no es lo mismo que "tiene que decir algo") sobre el modo en que es gobernado. Las grandes decisiones estrategicas, las visiones de la sociedad, se reservan para la camarilla que se ha conseguido introducir en el mundo adecuado.
Pasaremos toda nuestra vida sin poder cambiar cosas que no nos gusten, porque no se nos da la voz.
Habrá democracia o dictadura, seremos catolicos o aconfesionales, apoyaremos a estados Unidos o a Cuba. Tú no lo vas a elegir. Es algo ajeno a tí, extragno.
Y es posible y muy probable que los que lleguen a elegir por tí, sean, no ya poco brillantes, sino una mediocridad absoluta. Al igual que en las grandes empresas se ve a gente ascender en el escalafón sin ningún otro mérito que pasar por el sitio adecuado, lo mismo pasa en política. No hay ningún filtro. No existe.
Oigo historias de la Universidad y se repite el patrón. Gente dagnina por lo mediocre, porque no sólo no hacen nada síno que paralizan su entorno. En los sindicatos, los ayuntamientos, las catedras.
Pero no hay manera de expulsar la falta de trabajo, de esfuerzo, de compromiso, de brillantez.
Todos conocemos a alguien superlativo en quien pondríamos mucho más a gusto la responsabilidad de muchas decisiones que en los candidatos oficiales a todo. Pero nuestros conocidos nos conocen a nosotros, por eso no llegarán.
Como decía en el post anterior, no estamos tan lejos...
miércoles, 18 de julio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Es un círculo vicioso. En cualquier ámbito (trabajo, política, sociedad,...) para alcanzar el poder hay que luchar por él, y tragarse sapos que alguien con principios no se tragaría. Ese es el problema. Tú confiarías en alguien cuyos principios le impiden llegar a puestos de responsabilidad.
Nuestros jefes, líderes y gobernantes son, por defecto, personajes con un estómago a prueba de bomba. El talento ayuda, pero no es en absoluto necesario.
Publicar un comentario