miércoles, 25 de abril de 2007

De techos y cafés

¿Que el presidente no sabe cuánto vale un café?
¿Que el lider de la oposición no dice lo que gana?

Ya tenemos tema para los sesudos tertulianos durante horas y horas de adoctrinamiento audiovisual.

Una pequeña cuenta. Alguien que busque comprar piso ahora, debera aportar a las arcas de otro, unos veinte o treinta millones más que si lo hubiera hecho hace cuatro años.

Eso supone unos quince años trabajando para pagar esa deuda adicional.

¿UNA NUEVA ESCLAVITUD? ¿NOS ROBAN NUESTRO TIEMPO?

¡Ah, pero es el mercado! - nos dirán- El Estado no debe actuar ahí.

Y nos darán las zapatillas Kelifinder. Debe ser bueno poder reirse de la gente con tanta impunidad.

Los ultimos nuevos ricos que han ingresado en las listas de Forbes son todos constructores.

La Unión Europea advierte de que aumentan las desigualdades de renta entre la población. (Ricos más ricos, etc..)

Y se nos repite como un mantra que no se puede gravar con más impuestos a los que tengan pisos vacíos.

y los constructores siguen encontrándose con los políticos y el suelo libre disminuyendo.

Las conclusiones son claras.

http://www.viviendadigna.es/

http://www.viviendadigna.org/

O podemos seguir hablando de cafés.

viernes, 6 de abril de 2007

Marat-Sade y las ideologías de salón


Viendo la obra Marat-Sade de Peter Weiss que se representa ahora en el Teatro María Guerrero, piensa uno que es curioso contemplar una exaltación de la revolución de los pobres frente a la opresión de las clases adineradas en un teatro con diferentes localidades y sus diferentes precios.

Esto situa el mensaje en su contexto. Durante un rato, asistimos a una emocionante sucesión de discursos de Marat, con una modernidad asombrosa. Lucha de clases. Supongo que habrá bastante de las ideas del autor y de la época en la que se escribió (lo años 60) mezclado con la ideología del propio Marat. Se acaba con un coro que grita: "¡Revolución!" Por lo visto, en los años 60 la gente acababa coreando ese eslogan puesto en pie.

http://www.psiquiatria24x7.com/bgpopup.jhtml?itemname=review§ion=marat_sade

Ahora, acaba la función, los corazones vuelven a latir a su ritmo normal tras la catarsis final y se sale a tomar algo. Se comenta lo bien que ha estado. Y no nos da miedo. Porque ya nadie piensa que la cosa va en serio.

Es curioso que un personaje repita durante toda la obra que lo que vamos a ver sucedió hace mucho tiempo y nada tiene que ver con la realidad actual. Lo hace en tono de ironía, para marcar lo que de actual tiene el discurso de Marat. Pero la ironía se quedó en los 60. Ahora la frase queda como algo literal. No nos interesa más que como distracción.

Incluso la feroz crítica de la sociedad de consumo que se produce en un momento, vuelve a ser divertida, si pensamos que la propia obra es un artículo más de consumo, para entretenernos. Si no fuera así, ¿de verdad se estrenaría esta obra en un teatro público?

No hay cuidado.

Es desolador que no haga falta ya callar la verdad, como en la película de la entrada anterior. La verdad no interesa. Tenemos ipods.