domingo, 11 de noviembre de 2007

La libertad bien entendida


Persépolis. Una excelente película.
Cuenta una historia personal que a su vez narra la historia reciente de Irán.
Viéndola, en la parte en que la protagonista va topándose con los Guardianes de la Revolución, me dio por pensar cómo los que no hemos vivido bajo una dictadura nos hemos olvidado del sabor de la libertad.
No sabemos lo que es que nos paren por la calle y nos digan cómo hemos de vestir, no sabemos lo que es no poder reunirnos para hablar de nuestras ideas, lo que es ocultar tu opinión para no tener represalias. No vivimos con el miedo de que nos vengan a buscar y nadie nos vuelva a ver.
Y como nos hemos olvidado de todo eso, tenemos Libertad como quien tiene aire, sin ser conscientes, dándola por hecho. Y hay quien piensa ya en renunciar a ella en aras de la SEGURIDAD. No importa que la policia pueda entrar en un domicilio sin autorización ya que nosotros, la gente de bien, no tenemos nada que temer. Convendría reflexionar sobre el tema.

Normalmente escribo para quejarme de la realidad en la que vivo. Hoy haré un pequeño paréntesis para celebrar que vivo en sitio donde se ha conquitado una parcela. Hay más, pero creo que vivir sin ésta, como vivió la protagonista de Persépolis, me habría amargado la vida.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy de la 1ª "cosecha" después de "La Guerra".De los primeros niños del amor. La generación del silencio. Fruto de la unión -largamente congelada entre bombas, odios y venganzas- de un hombre y una mujer que solo tenían eso: cariño. Perdedores de la guerra, en un pueblo pequeño que olvidó la pobreza, pero aún vive lleno de incultura, rencores...y una gran memoria.
Me he "chupado" enteros los "cuarenta años" y he vivido con intensidad los siguientes treinta.
He visto muchas cosas y he andado muchos caminos.He visto hombres desnudos, sedientos de espigas; espaldas curvadas por el peso de enormes haces de leña; mujeres desgreñadas, máquinas de parir;niños hambrientos; familias rotas...y silencio. Y miedo, mucho miedo. Pero, tambien, he visto juegos, imaginación, creatividad...niños bebiendo rayos de sol. Y he visto niños felices; aún en su soledad y sus carencias. Y aprendí con ellos el valor de la renuncia y el esfuerzo.
Hoy, en cambio, veo abundancia, derechos y disfrute del enorme valor de la palabra ( del placer de escribir estas palabras, simplemente porque quiero). Veo hombres y mujeres y niños que pueden hacer lo que les plazca y disfrutan de todo lo que desean. Ve niños que hacen lo que quieren, que tienen cuanto quieren; pero,...no veo niños felices. Y he pasado toda mi vida buscándolos, creeme.
Eso si, he aprendido que la verdadera libertad es la del individuo. Algo que nace y vive dentro de cada uno. Porque,la otra libertad, dijo el poeta, es ..."sólo un grito". Yo daría un kilo de mi libertad social y otro de mi seguridad, por un puñado de justicia.
Ha sido un placer acceder a tus escritos. Espero seguir haciendolo. Rezuman frescura de juventud, inteligencia, preparación, sensibilidad... y, sobre todo, limpieza de carácter.
Disculpa mi intromisión; aunque, supongo que seguiré leyéndote y escribiendote. Un saludo

Anónimo dijo...

te aconsejo la lectura de un libro: "La raiz rota" de Arturo Barea.

nuncadejaunodeasombrarse dijo...

Estoy muy de acuerdo con la idea de justicia asociada a la libertad. No puede existir la segunda sin la primera salvo en forma de sucedáneo.
Puede haber elecciones, pero si un 80% de la población vive en la pobreza, no puede elegir mucho.
Gracias por tus comentarios. De Barea sólo conocía La Forja de un Rebelde. Buscaré "La Raíz Rota".