viernes, 6 de abril de 2007

Marat-Sade y las ideologías de salón


Viendo la obra Marat-Sade de Peter Weiss que se representa ahora en el Teatro María Guerrero, piensa uno que es curioso contemplar una exaltación de la revolución de los pobres frente a la opresión de las clases adineradas en un teatro con diferentes localidades y sus diferentes precios.

Esto situa el mensaje en su contexto. Durante un rato, asistimos a una emocionante sucesión de discursos de Marat, con una modernidad asombrosa. Lucha de clases. Supongo que habrá bastante de las ideas del autor y de la época en la que se escribió (lo años 60) mezclado con la ideología del propio Marat. Se acaba con un coro que grita: "¡Revolución!" Por lo visto, en los años 60 la gente acababa coreando ese eslogan puesto en pie.

http://www.psiquiatria24x7.com/bgpopup.jhtml?itemname=review§ion=marat_sade

Ahora, acaba la función, los corazones vuelven a latir a su ritmo normal tras la catarsis final y se sale a tomar algo. Se comenta lo bien que ha estado. Y no nos da miedo. Porque ya nadie piensa que la cosa va en serio.

Es curioso que un personaje repita durante toda la obra que lo que vamos a ver sucedió hace mucho tiempo y nada tiene que ver con la realidad actual. Lo hace en tono de ironía, para marcar lo que de actual tiene el discurso de Marat. Pero la ironía se quedó en los 60. Ahora la frase queda como algo literal. No nos interesa más que como distracción.

Incluso la feroz crítica de la sociedad de consumo que se produce en un momento, vuelve a ser divertida, si pensamos que la propia obra es un artículo más de consumo, para entretenernos. Si no fuera así, ¿de verdad se estrenaría esta obra en un teatro público?

No hay cuidado.

Es desolador que no haga falta ya callar la verdad, como en la película de la entrada anterior. La verdad no interesa. Tenemos ipods.

4 comentarios:

David Amargor dijo...

Hey Jorge, desconocía tu blog...me lo ha pasado Jon
Yo fui ayer al teatro y bueno, lo que le decía a Jonatan por mail. Yo estoy derrotado y he perdido mi ideología.
Auqneu bueno, se podría continuar con el debate del arte y el dinero público, que a veces me cansan (e incluso irritan) un poco ciertas opiniones sobre el dinero público en cultura

Anónimo dijo...

¿quién es hoy en día la clase proletaria? Ni la izquierda política lo sabe, y así les va, sin mensaje y sin población objetivo.

Al proletario del s.XXI hay que buscarlo fuera de nuestras fronteras (físicas y sociales), y desde luego no dentro de un teatro. No tengo NPI de quién coño es Marat-Sade, pero si escribiese en estos tiempos, seguro que eligiría otro medio de transmisión.

nuncadejaunodeasombrarse dijo...

Hola David. perdón por responder tan tarde, pero siempre ando liado y me va a costar perder a buen público (como tú) nada más empezar.

El problema para mí del dienro publico y la cultura, es como para casi todo, la independencia de quien lo asigna. Sin independencia no hay critica. Y salvo contadas excepciones de gente que vive de su talento (véase Els Joglars) el resto tiene que andar limando sus asperezas, si las tiene, para poder comer o estrenar una obra o leer un libro.

Así que no vendrá una incitación a un cambio a mejor ni de los medios de comunicación ni de las televisiones ni de las radios. Yo sólo confío en Internet y de momento.

nuncadejaunodeasombrarse dijo...

La clase propletaria somos casi todos si por proletario entendemos la definición clásica de no poseedor de los medios de producción. Esto que se ha conseguido que suene tan caduco, sigue vigente.

Como comento en un post más adelante, nos acercamos a Estados Unidos en la polarización de la distribución de la riqueza. Un lado de la cuerda siempre está tirante y si el 99% de la población que está al otro lado se olvida de tirar porque la convencen de que ya no tiene sentido la distinción entre poseedores de los medios y trabajadores, pues iremos aviaos.

Y no entro a valorar cual debe ser la solución (algunas de ellas han acabado en estrepitosos fracasos, le pese a quien le pese), pero que hay un problema no se debe olvidar.

Si que creo que todavía más cerca del problema están más allá de nuestras fronteras, al Sur. Y de ahí puede que venga el cambio y de una manera que no nos va a gustar a los Europeos.